Sostengo que el amor es la máxima expresión de idolatría que existe.
Cuando esa idolatría entra en bucle, llega el (mal) llamado fracaso sentimental. Indiscutiblemente es inevitable que aparezca. Y que el que sufre esa reducción de idolatría hacia su persona considere momentáneamente su vida un fiasco (siempre sentimentalmente hablando). Y, ¿Pensar que no conseguir volver a idolatrar jamás a nadie en ese marco? pues también.
He de reconocer que esta regla (como todas en las que creo ciegamente), se ha cumplido en el plano personal.
Jamás había sufrido tan desmesurada idolatría hacia alguien; llegando a cotas científicas, basada en conocimientos o caracteres que en mi vida cotidiana ni por asomo suelo idolatrar.
Siempre he admirado a aquel que vierte sabiduría cultural por sus cuatro costados. Y sin embargo comencé a idealizar un conocimiento puramente científico o una funcionalidad muy técnica. O ambas cosas.
Hace tiempo escribí sobre el enamoramiento en su conformación mas técnica. (Tuve que documentarme, claro). Y actualmente, no se el porque de tal escrito (bobo como todos). Yo soy la persona menos técnica que alguien pueda echarse a la cara. Creo en las casualidades. Y en que esas casualidades ocurren SIEMPRE por razón especifica (razón a la que NUNCA he buscado voluntad científica). Nací de letras y así seguiré.
Odio el orden contable, aunque lo necesite inexcusablemente para vivir (o sobrevivir). Me gusta la poesía. Y la pintura. Y el protocolo alzado a su mas alta alcurnia. Y la escatología, si. Sustento por ello ser fiel admiradora de Don Camilo José o Don Francisco de Quevedo.
E innecesariamente me estoy retratando demasiado también.
Me gusta pensar, y mucho. E imaginar, (mucho también) .Y a veces pienso que tengo 15, imaginando a mi alrededor el interesantísimo futuro que no toma tierra. Y en realidad lo que poseo es ese mismo iluso espíritu de esos mismos 15. Por lo que resta media vida hasta que el cuento se haga realidad, y ni me preocupa. Y de repente vuelvo a los reales 30 palos... y, con el animo de despistar mi pesadumbre, me concentro únicamente en cuando se estrenara Regreso a Lilifor, mira tu...
Y todo por sufrir idolatría innecesaria. Que le den.
P.D. Reconozco que mi exagerada idolatría hacia el ámbito científico antes citado ha vuelto a su ser. Esto me complace.
Aunque sigo afirmando que esa maestría es función indispensable del corazón.
MJ. Junio 2015



















